|
Minsk
Tomar unas vacaciones en Minsk, capital de Bielorrusia, es como subirse en una máquina del tiempo para volver a una sociedad soviética en la que el reloj se ha detenido en 1960. Por lo tanto, es una singular y fascinante experiencia.
Los occidentales solemos encontrar nuestras vacaciones allí un poco desconcertantes, ya que no es una ciudad que se elige por ser un destino romántico o un relajante lugar de descanso. Además, antes de ir tienes que familiarizarte con todas sus normas y reglamentos.
Una visita a Minsk es ideal para quienes están interesados en la historia, o fascinados por el modo de vida socialista, o para aquellos que simplemente quieren experimentar algo diferente fuera de la habitual ruta turística Europea.
Buscando algo único y diferente fue que llegamos al Hotel Europe, un lujoso hotel ubicado en el corazón histórico y cultural de la ciudad. Nuestra habitación, amplia y bellamente decorada, junto con el restaurante, bar, centro de fitness y club nocturno, nos proporcionaron una maravillosa estadía.
La historia de Minsk se remonta al siglo X, siendo una de las ciudades más antiguas de Europa; pero presenta un aspecto sorprendentemente moderno hoy en día. Después de la Segunda Guerra Mundial, durante la década de 1950, fue reconstruida como una ciudad modelo soviética, y poco ha cambiado desde entonces.
Escrupulosamente limpia, con amplios bulevares y plazas alineadas con grandiosos bloques de edificios, se intercala con amenazantes estatuas de Lenin, monumentos de guerra y símbolos soviéticos, creando un fascinante telón de fondo a orillas del río Svisloch.
Una de las primeras cosas que llamó nuestra atención fue el Dom Ofitserov, un monumento gris oscuro en la Plaza de la Victoria, frente al cual siempre hay un altar encendido, dedicado a los soldados que liberaron la ciudad de los nazis.
Nuestra siguiente visita fue al Museo Nacional de Historia y Cultura, donde las diferentes exposiciones te llevan en un apasionante viaje a través de la turbulenta historia de la nación. Uno de sus más preciados tesoros es una réplica de la imprenta utilizada el por héroe nacional Francyska Skaryny.
El Museo de Arte del Estado es un lugar muy interesante. Aquí encontramos la más grande colección de arte de Bielorrusia, con impresionantes obras de Arkhip Kuindji, Nikolai Ghe, Ilya Repin, Isaak Levitan y Konstantin Makovsky.
El Palats Mastatsva, aunque no es necesariamente la galería de arte más impresionante o más grande, es un refrescante lugar para pasar el rato. Hay varias salas de exposición con muestras de arte moderno, libros usados y antiguas butacas, ambientado todo con el animado murmullo de la libre expresión.
El lugar ideal para pasar una tarde es el barrio antiguo Traetskae Prodmestse, en una minúscula zona en la ribera oriental del río Svislach. Ha sido reconstruido en el estilo de los siglos XVII y XVIII, para recrear el aspecto de Minsk en esa época, y cuenta con algunos encantadores cafés, bares y tiendas de regalos.
También visitamos el Museo de la Gran Guerra Patria, la pequeña y bella Iglesia de Santa María Magdalena, la Catedral Ortodoxa del Espíritu Santo, y Dudutki, un museo al aire libre a 40 kilómetros de la ciudad, donde se recrea la vida del país en el siglo XIX, con excelentes degustaciones de la cocina tradicional.
La gastronomía bielorrusa es similar a la del resto de Europa oriental, muy parecida a la rusa y la ucraniana. Caracterizada por platos basados en patatas, setas, sopas y carnes asadas, el restaurante Khutorok es el mejor exponente de esta tradicional cocina popular.
A la noche tienes una gran cantidad de opciones para salir, entre las cuales se destaca el ballet y la ópera de nivel internacional, así como teatros, estadios deportivos, pubs, clubes nocturnos, casinos y bares, que te harán disfrutar al máximo de tu visita a Minsk.
|